Mezquita Istiqlal
Una grandeza que serena, en el corazón de la capital, donde nos detuvimos un rato.
Llegamos justo antes del rezo de la tarde, con el cielo de Yakarta volviéndose ámbar. Al entrar, el ruido de la ciudad pareció quedarse en la puerta. La inmensa sala principal nos hizo sentir pequeños, y allí, precisamente, vivía la calma.
A mi esposa lo que más le gustó fue la caligrafía de la cúpula. Nos quedamos largo rato en el pórtico, sin hablar mucho, disfrutando de la brisa. Una de las tardes más serenas que hemos vivido.